Trámites de embarcaciones: el cambio de nombre

En el momento de comprar una embarcación nos fijamos en muchas cosas: el modelo, el año de construcción, el estado general, en los accesorios… Y únicamente cuando nos hemos decidido por uno, caemos en la cuenta: el nombre nos parece horrible, no es nada acorde con nuestra personalidad o, simplemente, queremos cambiarlo para hacerlo todavía un poquito más nuestro. El cambio de nombre es uno de los trámites de embarcaciones más habituales que gestiona cualquier gestoría náutica.

Eso sí, no confundamos el cambio de nombre con el cambio de propiedad: el primero consiste en modificar el nombre con el que está registrada la embarcación, y el segundo consiste en modificar el nombre del propietario de la misma.

Trámites de embarcaciones: ¿cómo cambio el nombre de mi barco?

Tanto si te has cansado de nombre de tu barco como si quieres cambiar el de uno que acabas de comprar, el trámite que tienes que realizar para cambiar la denominación de tu embarcación siempre es el mismo. Para llevarlo a cabo, vas a necesitar:

  • Una fotocopia de tu DNI, necesaria para todos los trámites de embarcaciones que quieras hacer
  • La documentación del barco: hoja de asiento, licencia de navegación, rol de despacho y certificado de navegabilidad
  • El nombre que quieras ponerle a la embarcación

Una vez tenga toda esta documentación, la gestoría náutica se dirigirá a capitanía marítima para hacer el trámite de tu embarcación. Anteriormente, y es probable que incluso lo hicieses si eres navegante sénior, los cambios de nombre requerían tres opciones, y si ninguna de ellos estaba disponible, había que volver a elegir otros tres nombres.

Por esto, antes el nombre era especialmente importante porque aparecían en el certificado de navegabilidad pero, de un tiempo a esta parte, los barcos han pasado a identificarse legalmente con el NIB, el número de identificación del buque. De esta manera, ni el nombre ni la matrícula aparecen ya en dicho certificado.

El cambio de nombre, uno de los trámites de embarcaciones más negros

Dice la tradición marinera que el que cambia el nombre al barco se hunde con él. ¿Lo has oído alguna vez? La verdad es que el cambio de nombre de un barco es uno de los trámites de embarcaciones que más supercherías y supersticiones ha generado a lo largo del tiempo. Pero ¿sabes de dónde viene en realidad esta creencia?

Parece que esta leyenda empezó a extenderse en el siglo XVII, cuando la piratería vivía su momento dorado: por norma, cambiaban el nombre de los barcos que secuestraban y, por tanto, era mucho más difícil rastrearlos o detectar su presencia cuando llegaban a otro puerto. Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, ¡las comunicaciones no eran ni de lejos como ahora! Desde que se daba el aviso de que se habían avistado piratas rumbo a un puerto hasta que se recibía en el mismo podían pasar días e incluso semanas.

Con el fin de zanjar este problema, la Royal Navy, la Marina Real británica, empezó a difundir el mito de que cambiar el nombre a un navío desencadenaba la ira de Dios. Y los piratas, que generalmente eran personas altamente supersticiosas y con un nivel cultural más bien escaso, no tardaron en asimilar este bulo como una realidad.

También hay quien dice que fueron las propias compañías de seguros de la época quienes se encargaron de hacer correr este rumor. ¿Por qué? Pues porque se denunciaba el robo de muchos barcos que, en realidad, tan solo habían cambiado de nombre, y las aseguradoras se veían obligadas a pagar el valor de un buque que todavía pertenecía a su propietario.

Si tú no crees en la superstición, pero tampoco quieres arriesgarte a que la mala suerte venga a por ti, está muy extendida la creencia de que si cambias el nombre de tu barco pero mantienes el nombre original en algún sitio —pintado en un rincón del casco, en una plaquita dentro de un camarote…— podrás eludir la maldición.

Y si eres de los que prefieren dejar las maldiciones a un lado y, además, no tienes tiempo para encargarte de los trámites de embarcaciones, te recomendamos que delegues esta tarea a una gestoría náutica especializada, que se encargará de hacer todas las gestiones por ti y te evitará más de un paseo hasta la capitanía.

En gestoría náutica Barcelona podemos ayudarte con este trámite legal y otros muchos.


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